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lunes, 28 de mayo de 2012

Antes y Después de las Lluvias


Quetzaltenango se inunda en varios sectores, la zona 2 dejó de ser un lugar exclusivo para ello; los drenajes colapsan irremediablemente, no soportan un aguacero de inicio de una temporada que dura aproximadamente seis meses; la electricidad falla constantemente, existen apagones sin remedio alguno; la seguridad falla igual que todas las anteriores.
¿Quién es el responsable? No podemos asumir que la alcaldía actual lo es si tiene menos de un año de haber sida electa.  Habrán sido las dos anteriores las responsables del deterioro de la infraestructura y del pésimo planeamiento urbano y rural de la ciudad.  Ellas tendrían que dar cuentas claras de los sucesos que están atravesando, y posiblemente atraviesen durante toda esta temporada, muchos de los quetzaltecos.
Pero… Mito Barrientos ha estado ahí aproximadamente más de 8 años.  Joder y mil veces joder.  Entonces,  eso responde a la pregunta.  Él debe de asumir su responsabilidad de alcalde, él debe de responder a las consecuencias de sus “estúpidas” decisiones; él es parte principal de toda esta situación que no debería de suceder en ningún lugar con una buena planeación.
Claro, sabemos que él es el responsable principal de todo esto, eso es tan obvio que no puede negarlo (solo él y el consejo pueden hacerlo porque tratan de ser ciegos).  Si él es la pieza principal deben de haber otras igual de responsables. ¿Quiénes? El Consejo.  También son responsables los que lo integran.   Están ahí sentados y deben de hacer su trabajo, claro que con todo esto parece que no saben cuál es.  Ya tenemos dos, falta una pieza.
La otra pieza, es la sociedad.  Ella es la que pone y saca a los gobernantes, o bueno así debería de ser.  Pone a los que responden a las necesidades sociales, a las necesidades de un electorado (qué por cierto increíblemente votó por Mito por 3era. vez) y debería de deshacerse de los que los traiciona o que hacen mal su trabajo.  Y eso es lo que merece el señor Mito, ser sacado por irresponsable y por no cumplir con su deber como alcalde.
Después de estos sucesos vergonzosos, peligrosos e irresponsables me gustaría ver a los Quetzaltecos tomar realmente su papel de sociedad civil indignada y protestar gritando su insatisfacción de este seudoalcalde.  Me gustaría escuchar las voces de todos gritando con la misma fuerza con que se hizo al momento del triunfo de la Quinta Luna.  Sería bueno estar frente a la alcaldía hasta que este señor renuncie como debería de hacerlo, bueno eso si logra ver su vergonzosa hazaña de inundar la mayoría de las calles de Quetzaltenango.
Claro así debería de hacerse para que pudieran ver los siguientes políticos que los Quetzaltecos no se conforman con risitas y saludos, con ofrecimientos y hermanamiento inútiles.  Lastimosamente tal vez una amiga tenga razón: los Quetzaltecos vivimos una fantasía atrapados en tiempos pasados, pensando que somos grandes y cuando debemos demostrarlo mejor nos sentamos a esperar que haya alguien que pueda arreglar lo mal hecho que esta todo desde hace tiempo.  Tal vez tenga razón, espero que se equivoque y podamos sentar precedente.

jueves, 12 de abril de 2012

Welcome to Guatemala


Aquel extranjero tenía razón, su frase odiosa aún pasa por mi mente: “Welcome to Guatemala”.  La dice en el momento en que la llanta se revienta, un instante casi mágicamente esperado al reunir todos los elementos:  un microbús no apto para pasar ocho horas de viaje, la velocidad exagerada del chofer (una prisa inexplicable) y el pésimo camino dejado por el derrumbe en La Mesilla, Huehuetenango y otros lugares.  Llevamos poco tiempo de haber ingresado a Guatemala, atrás, en México, dejamos otro microbús apto para viajes largos, con aire acondicionado y sillones reclinables y carreteras bien asfaltadas.
Yo moría por estar ya en Guatemala, en casa, respirar este aire.  Los extranjeros no morían por eso.  Ellos esperaban algo, otra cosa, porque sus rostros pasaron de un estado de relajación a uno de tensión y desconfianza.  Paramos en una Gasolinera en “Las Vegas” en Huehuetenango, en ese lugar son estafados los visitantes: Pagan con un billete de cien quetzales y les dan menos vuelto.  Cuando sucede eso viene a mi mente nuevamente la maliciosa frase: “Welcome to Guatemala”.
Es increíble.  Lastimosamente eso no sale en el comercial de Guatemorfosis. Ni el derrumbe, ni los trabajadores acosando a las extrajeras, ni la estafa en la gasolinera, ni la pobreza, ni la decepción del sistema social y político que muchos sentimos (y cuando hay es censurada).
Iniciamos nuevamente el viaje.  Ahí están los paisajes de Huehue, siempre me han impresionado, ya solo faltan seis horas más para llegar al destino.  Mientras llegamos pienso en esa frase que no deja de calarme y que persiste en mi mente.  Entonces pienso en Quetzaltenango y en la razón que tiene el extranjero en decir esa frase.
Tengo en mente el desnivel dejado a medias en la entrada hacia Quetzaltenango por Salcajá, que lleva años, casi una década.  Ahí está como un monumento que anuncia la existencia de una ciudad que se pudre solita por su mala administración pública y porque los quetzaltecos no han tenido (tal vez nunca) la fuerza social para reclamar lo que verdaderamente debe de hacer un alcalde.
Suena la frase y ahora tengo en mente el desnivel en la Avenida las Américas que es otro monumento a la incompetencia gubernamental del municipio y al mismo tiempo una muestra que a la sociedad quetzalteca se le puede hacer lo que se le antoja porque nunca va a levantarse.  Siempre se quedará callada, conformista con lo que sucede en su lugar.
 Así nos ven y así somos.  Y duele verse en los ojos de los otros sabiendo que es verdad.  El “welcome to Guatemala” me resuena y la siento con enojo, con rabia pero al mismo tiempo con tristeza, porque es verdad que en estos momentos somos un lugar en donde los gobernantes hacen la pantomima de trabajar y nosotros nos quedamos callados, inactivos.
           Los falsos parques, los desniveles inconclusos y eternos, la tala de lo único verde que queda en Xela y la desfachatez del alcalde al sonreír ante el público, son las cosas que reúne esa frase del extranjero que me carcome de rabia: “Welcome to Guatemala”.