Mostrando entradas con la etiqueta Olvido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olvido. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de octubre de 2013

12 de Octubre









Esta fecha iniciemos con este estracto obtenido en esta página: 
Esta frase que se repite año con año en toda América, continúan sin detenerse, es un círculo que nunca termina porque no hemos resuelto como comunidades o como sociedades  el dilema que fue la violencia de los que vinieron del mar.   Y esto continuará mientras que seamos inconscientes emocional y cognitivamente de esa historia.
Cuándo podamos ver el holocausto que surgió por la venida de los españoles, ingleses, portugueses, etc., y condenemos sinceramente todos esos hechos posiblemente se detendrá esta matanza que ahora surge en los lugares que ocupan las mineras, las hidroeléctricas, los cascos urbanos en manos de los narcos, las maras, los políticos y los empresarios.
El doce de octubre es una conmemoración inevitable, que podemos celebrar porque es nuestra raíz sanguinolenta en nuestras sociedades.  Es un recuerdo que llevamos los americanos, los pueblos originarios, los europeos y que debemos de tener siempre fresca en la memoria para evitar que se repita cuando nos encontremos con otros grupos sociales, con otras comunidades, recordando lo criminal que podemos ser cuando somos intolerantes.
Para evitar más sangre debemos comprender, sentirlo en nuestro cuerpo, en nuestros huesos y en nuestro corazón.  Sentir que hubo una violencia sin sentido, que murieron torturadas muchas personas sin importar su género y su edad, sin importar qué pensaban ni que sentían; al hacerlo podremos evitar caminar en ese círculo en el que, por lo menos en Guatemala, se repite sin parar.
Este día es importante para conmemorar ese choque de culturas tan sangriento para casi todos y que quede en nuestra memoria cognitiva y emocional para evitar que se repita una y otra vez.

lunes, 20 de mayo de 2013

Todos Los Muertos en Guatemala


Los muertos 
no se callan,
despiertan a sus salvajes verdugos
y a sus herederos todas las noches,
por el temor que sienten
de que de las tumbas cuenten
las masacres.


Los muertos
están ahí:
Gritando, llorando, gimiendo de dolor.
Los viejos zorros se quitan los tímpanos, los oídos, todo para no escuchar,
los nuevos zorros se quitan los ojos y se tapan las cuencas vacías con vendas llenas viseras…
pero eso no importa
porque los gritos están en la sangre que circula en ellos
desde el vientre y no los dejarán en paz
hasta que se arrodillen y pidan perdón.


Los muertos
dan alaridos
que no dejarán dormir nunca
a los viejos y nuevos zorros,
a los viejos verdugos que se pudren en su miedo
a los nuevos verdugos que nacieron ya con miedo que los pudre.


(publicado después de lo que la Corte de Constitucionalidad hizo el día de hoy 20 de mayo de 2013)
imagen: http://www.plazapublica.com.gt/sites/default/files/styles/large/public/extracto_plan_sofia_82.jpg 

martes, 14 de mayo de 2013

Del Genocidio a la Paz



     Estaba escribiendo sobre el genocidio en Guatemala, sobre el juicio, sobre el CACIF y su propaganda manipuladora.  Estaba a punto de terminar el escrito cuando leo algo en el muro de una amiga, habla de la paz interior individual antes de la grupal, habla de dejar a las nuevas generaciones paz y la capacidad de poder hablar nuestras contradicciones en armonía.

     Y es que sucede que lo más importante para dejarle a las nuevas generaciones es eso, es dejarles como mínimo el inicio de una verdadera paz, no de una sociedad en revancha constante y no una sociedad con intenciones de regresar al pasado; se trata de dejarle a la sociedad nueva ese granito de esperanza para vivir en un territorio pacífico y tolerante.

     Para esto creo que debemos de intentar hacer algunas cosas en Guatemala, una de ellas es saber que se Juzgaron los actos de un hombre que en su momento hizo atrocidades a seres humanos de todas las edades y que ese acto debemos de reconocerlo como sociedad, saber que sucedió, conocer que ese acto vil deshumaniza a todos, tanto víctima como a victimario, como al que participó indirectamente.  Con esto también, debemos de comprender que para ello el actor de dichos crímenes debe de asumir su responsabilidad y pagar por sus actos y sus decisiones, sin juzgar sus ideas políticas, religiosas y demás.  Se espera juzgar sus actos y asumir su responsabilidad, no se juzga al ser humano.

     Otra acción que debemos de asumir como guatemaltecos es aceptar lo que sucedió, que hubo muertos, masacres, asesinatos y genocidio.  Negarlo es caminar por la senda de la enfermedad social y ese camino ya lo conocemos desde hace mucho tiempo.   Es momento que con humildad aceptemos ese hecho tan degradante para todos, para evitar que suceda nuevamente con cualquier otro grupo en Guatemala o cualquier otra parte del mundo.

     Creo que este juicio nos da la posibilidad de saber acerca esta barbarie en Guatemala (de otras muchas), de reconocer nuestro pasado, de acercarnos a las víctimas y a los victimarios y verlos como seres humanos.  Las nuevas generaciones tienen en sus manos la posibilidad de darse cuenta de lo sucedido, pueden intentar rescatar ese pasado (no vivir en él) para tenerlo en la mente, en el corazón para que nunca más se repita o evitar que suceda nuevamente con cualquiera.

     Es entonces importante reconocerlo aunque nos enfurezca y nos entristezca, aunque nos cause asco y nos cause remordimiento que nuestros antepasados estuvieron involucrados en estos actos.  Todo esto nos da la posibilidad de dejar ese camino de paz a las nuevas generaciones que tienen el derecho y que ahora tienen esa posibilidad posiblemente más cerca que nunca.
     
      Tenemos que tener valor para aceptar con humildad nuestros hechos históricos.


imagen: http://www.zazzle.com/signo_de_la_paz_de_moda_de_guatemala_con_el_mapa_g_tarjeta_postal-239334208717365816?lang=es

jueves, 28 de febrero de 2013

Niñez y la Sociedad Guatemalteca



En Guatemala todos los días hay masacres pero se anulan, primero los medios de comunicación, después nuestra cotidianidad nos deja ciegos o por lo menos eso intentamos para evitar sentirnos culpables todos los días de un sistema que soportamos y que mantenemos y que no logramos anular.  Así es todos los días, mueren personas de hambre, de violencia y agresión, y solo nos damos cuenta de ello cuando hay algo que nos soquea profundamente.

En esta semana sale a luz un niño que asesina a un taxista (Lara, 2013), también dos niñas o adolescentes son acusadas de asesinar a un hombre de 20 años (Prensa Libre, 2013).  Solo en esos momentos de notimorbosidad nos damos cuenta que nuestro sistema está podrido.  Pero aun así no tardan en llegar los mensajes discriminatorios hacía estos niños, son mensajes llenos de un odio arraigado hasta el tuétano de nuestras raíces sociales, mensajes llenos de estigmas sin fundamento y que están ahí penetrados en todos los rincones visibles de nuestra herencia social.

 Dentro de los comentarios se pide la pena de muerte para los adolescentes y los niños, se pide que vuelvan los Escuadrones de la Muerte a realizar una limpia social (cómo si ya no hubieran), se indignan por que no existan castigos severos contra los pequeños; por otro lado el editorial de Prensa Libre del día después explica “el por qué” de la situación escribiendo lo siguiente: “Es importante indicar que son numerosas y en realidad obvias las causas que contribuyen a este tipo de criminalidad, entre ellas la desintegración familiar, falta de padre, consentimiento de los papás a todo lo que hace el niño.” (Prensa Libre, 2013).

Todos ellos olvidan que la criminalidad imperante, la utilización de los niños en asesinatos no tiene otra raíz más que la marginación que como sociedad le ha dado a los niños, niñas y adolescentes.  Se les ha olvidado que a todos ellos que lo que piden con la boca llena de saliva rabiosa y los insultos racistas es la raíz de esta problemática.  Así es, ellos olvidan que desde hace mucho tiempo se ha abandonado a su suerte a los niños, niñas y adolescentes guatemaltecos en las calles más violentas de Latinoamérica: ¿Qué más podrían haber aprendido? ¿De qué otra forma podrían haber sobrevivido los pequeños si no que siendo violentos?

Claro eso no lo ven las personas que han pedido la muerte a los niños, que piden sicarios matando a niños-sicarios.  Nuestra sociedad no lo desea ver, no desea discutir esa marginación, esa otra manera de matar y ese otro tipo de violencia feroz que tenemos metido en nuestro cuerpo.  

Como sociedad no somos capaces de pedir programas de prevención o de rescate “real” para los pequeños que ya están involucrados en esa criminalidad adulta.  Nuestro entorno social es incapaz de poder dar amor y contener al que tiene el dolor de ser marginal y olvidado por mucho tiempo.  No logramos enfocarnos y gritar que se le ponga atención a quienes realmente lo merecen: “LOS NIÑOS, LAS NIÑAS Y LOS ADOLESCENTES DE TODA Guatemala”.

Trabajos citados

Lara, J. (13 de Febrero de 2013). Menor Habría Matado a Taxista. Obtenido de Prensa Libre: http://www.prensalibre.com.gt/noticias/justicia/Conductor-asesinado-menor-anos_0_872912784.html
Prensa Libre. (13 de Febrero de 2013). El monstruoso sicariato infantil . Obtenido de Editorial: http://www.prensalibre.com/opinion/monstruoso-sicariato-infantil_0_873512688.html
Prensa Libre. (13 de Febrero de 2013). Hermanas de 13 y 15 años son acusadas de homicidio. Obtenido de Prensa Libre: http://www.prensalibre.com/noticias/justicia/Hermanas-anos-acusadas-homicidio_0_871113039.html

jueves, 12 de abril de 2012

Welcome to Guatemala


Aquel extranjero tenía razón, su frase odiosa aún pasa por mi mente: “Welcome to Guatemala”.  La dice en el momento en que la llanta se revienta, un instante casi mágicamente esperado al reunir todos los elementos:  un microbús no apto para pasar ocho horas de viaje, la velocidad exagerada del chofer (una prisa inexplicable) y el pésimo camino dejado por el derrumbe en La Mesilla, Huehuetenango y otros lugares.  Llevamos poco tiempo de haber ingresado a Guatemala, atrás, en México, dejamos otro microbús apto para viajes largos, con aire acondicionado y sillones reclinables y carreteras bien asfaltadas.
Yo moría por estar ya en Guatemala, en casa, respirar este aire.  Los extranjeros no morían por eso.  Ellos esperaban algo, otra cosa, porque sus rostros pasaron de un estado de relajación a uno de tensión y desconfianza.  Paramos en una Gasolinera en “Las Vegas” en Huehuetenango, en ese lugar son estafados los visitantes: Pagan con un billete de cien quetzales y les dan menos vuelto.  Cuando sucede eso viene a mi mente nuevamente la maliciosa frase: “Welcome to Guatemala”.
Es increíble.  Lastimosamente eso no sale en el comercial de Guatemorfosis. Ni el derrumbe, ni los trabajadores acosando a las extrajeras, ni la estafa en la gasolinera, ni la pobreza, ni la decepción del sistema social y político que muchos sentimos (y cuando hay es censurada).
Iniciamos nuevamente el viaje.  Ahí están los paisajes de Huehue, siempre me han impresionado, ya solo faltan seis horas más para llegar al destino.  Mientras llegamos pienso en esa frase que no deja de calarme y que persiste en mi mente.  Entonces pienso en Quetzaltenango y en la razón que tiene el extranjero en decir esa frase.
Tengo en mente el desnivel dejado a medias en la entrada hacia Quetzaltenango por Salcajá, que lleva años, casi una década.  Ahí está como un monumento que anuncia la existencia de una ciudad que se pudre solita por su mala administración pública y porque los quetzaltecos no han tenido (tal vez nunca) la fuerza social para reclamar lo que verdaderamente debe de hacer un alcalde.
Suena la frase y ahora tengo en mente el desnivel en la Avenida las Américas que es otro monumento a la incompetencia gubernamental del municipio y al mismo tiempo una muestra que a la sociedad quetzalteca se le puede hacer lo que se le antoja porque nunca va a levantarse.  Siempre se quedará callada, conformista con lo que sucede en su lugar.
 Así nos ven y así somos.  Y duele verse en los ojos de los otros sabiendo que es verdad.  El “welcome to Guatemala” me resuena y la siento con enojo, con rabia pero al mismo tiempo con tristeza, porque es verdad que en estos momentos somos un lugar en donde los gobernantes hacen la pantomima de trabajar y nosotros nos quedamos callados, inactivos.
           Los falsos parques, los desniveles inconclusos y eternos, la tala de lo único verde que queda en Xela y la desfachatez del alcalde al sonreír ante el público, son las cosas que reúne esa frase del extranjero que me carcome de rabia: “Welcome to Guatemala”.